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Un zeppelin de plomo que vuela

Hoy es una de esas mañanas de sábado en las que te encuentras en la oficina sin saber muy bien por qué, repasando cosas, detalles del trabajo y de fondo suena Communication Breakdown de Led Zeppelin. Lo cual me recuerda que tengo pendiente, entre otras muchas cosas, dedicarle una entrada a este gran grupo. Uno de los más influyentes de la música moderna y también, por qué no decirlo… uno de mis preferidos.

No voy a entrar en detalle a analizar las bondades de este grupazo a nivel musical, porque por un lado, no soy especialista en esto y por otro seguro que me quedo corto y se me quedan cosas en el tintero. Así que simplemente entraré, una vez más, en tema anécdota. Que las hay. ¡Y muchas!

Lo voy a hacer empezando por la creación de la banda, incluyendo su nombre, que también dio que hablar en cierto sector aristocrático. La formación de Led Zeppelin viene, se podría decir, de herencia de The Yardbirds. Otro de esos grupos que son referencia musical. Porque entre otros, en sus filas tuvieron a un joven Eric “Slowhand” Clapton previo a Cream o a Jeff Beck.

Allá por el año 1968 Jimmy Page decidió dar un cambio en el rumbo musical que estaban tomando The Yardbirds así que buscó nuevos miembros para su banda. Lo de encontrar vocalista lo tuvo claro cuando un amigo le recomendó a Robert Plant y lo vio cantar en un club. Con Plant en la banda, éste recomendó, a su vez, a John Henry “Bonzo” Bonham para la batería, puesto que era su amigo y ya habían tocado juntos. Este baterista aportaba un ritmo y una potencia tal que incluso en un estudio de grabación le pidieron que dejara de tocar tan fuerte, que así no iba a llegar a ninguna parte en el mundo de la música (todo un visionario el dueño del estudio…). En el bajo lo tuvo fácil puesto que a John Paul Jones ya lo conocía de su época de guitarrista de sesiones para diferentes estudios de música. Trabajo que, además aportó a Page un buen bagaje a la hora de perfeccionar en sus grabaciones.

Por cierto, lo del sector aristocrático, lo del nombre… bueno. Solo decir que a los herederos de Ferdinand von Zeppelin no les gustó demasiado el nombre y les pidieron que lo cambiaran. Un éxito de petición, oiga.

Con la banda ya formada solo quedaba lo fácil para estos monstruos, empezar a tocar y grabar. Así que después de acabar una gira pendiente con The New Yardbirs, en enero del 69 grabaron en unos pocos días, su álbum de debut. Que lleva por título Led Zeppelin. La acogida fue diferente según en qué sitios. En su Inglaterra natal no tuvo el éxito esperado (al menos de inicio) lo que provocó que no quisieran sacar más sencillos en ese país. En Estados Unidos la cosa fue diferente. El éxito fue abrumador, cerrando giras con gran cantidad de público y ¡conciertos de hasta más de tres horas!

Lo mejor de todo fue la capacidad de esta gente para crear. Durante ese mismo año 69 se las apañaron para hacer gira, componer temas nuevos y grabarlos. Con lo que consiguieron grabar y producir su segundo disco de estudio y publicarlo en ese mismo año. El título, Led Zeppelin II. Y otro éxito de ventas y público.

Durante una de sus giras por EE.UU. se da una anécdota curiosa y es que a Bonham le encantaban los coches (tenía una gran colección) y un día de paseo con su manager entró en un concesionario de Rolls Royce y se encaprichó con uno de sus modelos nuevos. Viendo sus pintas y sus poco más de veinte años, el vendedor, muy amablemente insinuó que ese no era un coche que se pudiera permitir (al más puro estilo pretty woman). Así que entre ofendido y orgulloso miró al manager, extendió la mano y éste le dio el metálico necesario para llevarse puesto el vehículo. ¡Ahí queda eso, “pringao”! Debió de pensar el protagonista de la historia.
Pero hay muchas más cosas que se pueden destacar de la banda. Por ejemplo el nombre de los discos. Que como se puede leer más arriba, no es que se estrujasen mucho los sesos para sacarlos. Lo suyo era escribir buenas canciones, lo de los títulos del álbum era secundario. Por eso, supongo, que el tercer trabajo se tituló… sí, Led Zeppelin III con temazos como Since I’ve Been Loving You (una de mis canciones preferidas que no suena dos veces igual en directo gracias a lo que les gustaba improvisar) o Immigrant Song.

Y con estas nos plantamos en su cuarto trabajo en estudio. Que es uno de los discos más vendidos de la historia de la música. Y no, no se llama Led Zeppelin IV, sino que esta vez no lleva nombre, solo unos símbolos que representan a los cuatro componentes. Así que se le conoce como Untitled, pero lógicamente y por inercia, sus seguidores lo identifican como Led Zeppelin IV.

Pero aquí no acaba la cosa. Porque con el quinto álbum, sí decidieron ponerle título. Y diferente de lo que nos tenían acostumbrados. Houses of the Holy se llama. Un discazo donde tocan muchos y diversos tipos de música. Puede que sea globalmente su mejor disco, aunque siempre para gustos, claro. Pero solamente la primera pista ya es digna de mención: The Song Remains the Same. Y lo que es curioso aquí es que el tema que da título al disco no se encuentra en este vinilo, no. Viene en el siguiente disco, Physical Graffiti. Un álbum doble (creo recordar que el primer disco doble de estudio, vamos, sin ser un directo, en el mundo del rock). Aquí sí que viene Houses of the Holy y otro gran tema como es Kashmir, apoteósico. Un disco que por otro lado, se podría decir que salvó de la ruina a más de una tienda de discos del momento puesto que las ventas de vinilos estaban en horas bajas por aquellos años.

Quizás haya que dejar algo para otra anécdota (encuentro con Elvis, entrada en el Hall of Fame…), que publicaré en otra entrada de elAnecdotista.com porque como he dicho, hay mucho sobre lo que escribir de este grupo donde se juntó un talento inigualable, unas ganas de tocar infinitas y un entendimiento entre los cuatro que difícilmente se pueda llegar a repetir. Quizás esa sea la razón por la que ni se les pasó por la cabeza seguir en el barco una vez que faltó el malogrado Bonham.

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