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Un padrino de renombre

El otro día estaba en una cafetería en Santiago en la que, sin saberlo, iba a asistir a una breve, pero intensa actuación musical al piano. Era un chico joven que nos deleitó con cuarenta y cinco minutos ininterrumpidos de música. Ni una pausa siquiera para coger aire. Todos los temas bastante reconocibles. Acabando la interpretación con tres canciones muy pero que muy cinéfilas, a los que solo les faltó, para la guinda final, el tema principal de El Padrino, o eso al menos me pareció a mi.

Y pensar en esta película es lo que me trae a la anécdota de hoy. Porque, a parte de ser uno de los mejores films de la historia del cine (bajo mi modesto punto de vista), tiene un montón de detalles y anécdotas merecedoras de un blog titulado elAnecdotista.

No podría ordenarlas por su nivel de importancia o relevancia, ni siguiera por la gracia que me puedan hacer, porque la verdad, son todas muy dignas. Así que simplemente las iré comentando para recrearnos.

Uno de los datos que más curioso me parece es el del presupuesto. Demasiado bajo para hacer una peli tan buena. Apenas un millón de dólares (del momento). Vale que no era una superproducción, pero hombre, un film con Marlon Brando… debería tener por lo menos eso sólo para él. También hay que decir que ese presupuesto inicial se quedó en nada una vez que Coppola empezó el rodaje. Viajes no planificados a Sicilia, conseguir que nevara en Nueva York en pleno verano… hicieron que se pasase de uno a seis millones. Casi nada. Puedo imaginarme la “alegría” del productor cuando le pasaban la hoja de gastos. Desde luego para no dar crédito (en todos los sentidos). Sobre todo teniendo en cuenta la poca confianza que tenía el estudio en el proyecto. No sé si por esto mismo, o por la deuda que tenía el director con la Paramout (que era el estudio que tenía los derechos de la película) que al señor Francis Ford no se le ocurrió una manera más simpática de protestar contra sus jefes, que llevar durante todo el rodaje una camiseta de la competencia. En concreto de la Warner.

Otro tema a tratar sería el del reparto. Como decía un poco más arriba, el ultraconocido Brando se merecería llevar un sueldazo. Pero no fue así. ¿Que por qué? Muy sencillo. Hay varias razones. La primera era que los productores no lo querían. Sabían lo problemático que podía llegar a ser (sino que se lo pregunten al propio Coppola en Apocalypse Now unos años más tarde). Pero ante la insistencia del director, los productores accedieron, eso sí, bajo tres condiciones. Que trabajase por el salario mínimo, que Francis pagase de su bolsillo cualquier retraso que éste provocase y lo más irrisorio y a la vez mejor de todo… que hiciese una prueba de cámara. Todos aceptaron estas condiciones. Brando hizo la prueba de cámara disfrazándose a su manera (betún en el pelo, algodón en la boca y esa ronca y profunda voz) consiguiendo así dejar boquiabierto a todo el mundo. Tan sorprendente fue su actuación y caracterización, que algunos ¡no lo llegaron a reconocer! Así que no es de extrañar que al final, después de todo, se llevara un Oscar que ni se acercó a recoger. ¡Genio y figura hasta la sepultura!

El tema del casting no se queda aquí. Da para mucho. Por ejemplo, otro tira y afloja entre dirección y producción. Por un lado la Paramount quería al joven James Caan en el film interpretando al hijo de Don Vito. Pero a Coppola no le convencía después de hacerle varias pruebas. Y por otro lado el director quería al desconocido actor de teatro Al Pacino para el papel de Michael Corleone, sobre todo después del casting que hicieron juntos él y Diane Keaton, con una química en pantalla que traspasó la misma. Pero las altas esferas no aceptaban a Pacino por ser un don nadie (¡y qué gran Don!). Pero al final se llegó a un acuerdo. Ambos participarían y así todos contentos. Aunque quizás no en el papel deseado, ya que Caan tuvo que conformarse con interpretar a Sonny (y qué magistral actuación) y Al Pacino sí, interpretando al gran hijo pequeño de la familia mafiosa.

Hay más personajes no deseados en la cinta, por ejemplo Al Martino, que interpretó a Jhonny Fontane tuvo mucha ayuda de un “padrino” suyo de verdad para conseguir su papel. Como Ford Coppola tuvo que apechugar con dicha “pieza”, no tuvo reparo en repetir, hasta la saciedad, la escena en la que Don Vito le daba una bofetada a mano abierta a Fontane con todas las ganas (totalmente improvisado hay que decirlo), por ponérsele a llorar para que le consiguiese un papel en Hollywood (tal vez una representación bastante fiel a la realidad sobre lo que podría haber hecho para conseguir ese trabajo).

Y qué decir de Gianni Russo, haciendo de marido de Connie Corleone (Thalia Shire hermana de, adivináis quién… ¡Pues sí, el director!) Que también presionó lo suyo para conseguir entrar en la película. Y no sabemos si por no quererlo dentro, o simplemente por dejarse llevar por la interpretación, que James Caan tuvo que ser frenado en más de una ocasión durante las tomas en las que se pelea con Carlo (el personaje de Russo) llegando incluso a romperle una costilla. Pequeñas cosillas que divertían un poco a Francis Ford Coppola.

Y con estas nos plantamos en un film que es de los más taquilleros de la historia y que acrecentó los egos y caché, podríamos decir, de casi todos los personajes que pasaron de un modo u otro por allí. Coppola, por ejemplo, considera que su mejor película todavía está por grabar. No sé si esto es una buena noticia o no. Lo que sí que sé es que desde luego, superar esta película, o su secuela, va a ser una tarea harto difícil. Tanto para él como para los cineastas que vienen por detrás. Y ya son más de cuarenta años desde su estreno. En cualquier caso el buen cine siempre será bienvenido. Igual que anécdotas sobre esta producción y sus siguientes partes. Que pronto leeremos con nuevas cosillas de la segunda y tercera película. Pero como digo, eso será en nuevas entradas de este blog que tanto me gusta compartir con todos vosotros.

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