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David de Bernini

En éxtasis con Bernini

Hace ya demasiado que no me paso por aquí. A escribir, me refiero, pues fugazmente me paseo ojeando alguno de los pocos textos que colgué. No sin cierta envidia del trabajo realizado, ya que no me veía capaz de escribir nada original ni suficientemente digno. Tampoco es que lo fuera antes. Ni ahora. Pero lo que es cierto es que en este momento tengo el interés de hacerlo. ¡Qué leches! ¡Y porque me apetece!

Y lo curioso es que llevo tiempo dándole vueltas a un par de ideas que quería compartir y no sé muy bien por cuál decantarme. Así que conforme voy escribiendo iré eligiendo tema. Una especie de suerte que espero que salga bien.

Ciertamente la decisión viene un poco dada, para qué engañarnos, ya que por textos que veo, publicaciones, cuadros, etc… se me aparecen, más de una vez, obras de este inmenso artista. Que no es otro que Bernini.

Y voy a empezar por una historia que aparentemente es falsa. Poco más que un bulo, pero que románticamente me gustaría pensar que es más cierta que la peor de las noticias que no te quieres creer. Y es que si es conocido este barroco es gracias, entre otras, a la “Fuente de los cuatro ríos” ubicada en la plaza Navona. Pero antes de desarrollar esta pequeña anécdota os adelantaré que éste es uno de mis autores preferidos, del que además guardo un muy grato recuerdo desde que en selectividad tuve que “hacer frente” a una obra suya, “El Baldaquino” de la cátedra de San Pedro en el Vaticano. Y tengo que decir que fue mi mejor nota. Aunque, si bien es cierto, tampoco era difícil mejorar el resto… Pero lo importante para mi fue que conocer a este autor me abrió miras a más artistas a parte de los clásicos como Leonardo, Miguel Ángel, Donatello o Rafael (sí, seguramente os suenen de ciertos dibujos). Y es que yo, un total imberbe en estas lides, no veía más allá. Además aquí podemos enlazar con una de las entradas de este blog, la referida a Miguel Ángel. Pues cuando estaba preparando esa selectividad tan temida de la que hablaba más arriba, conocí la versión que hizo Gian Lorenzo del “David“. Nada que ver ni que envidiar con la tan conocida del pintor florentino. En esta obra vemos, esta vez sí, a un joven atlético, nada que ver con el hormonado de Buonarroti, que es cazado, igual que en una instantánea, en el justo momento en que va a soltar la honda. Con un gesto de rabia contenida de una absoluta belleza.

Pero a parte de su grandeza escultórica, o arquitectónica, acabó por atraparme su personaje por un par de acontecimientos realmente interesantes. Y que además están bastante relacionados. Que tienen que ver con la fuente. Yendo por orden, hay que destacar que Bernini accede relativamente joven al Vaticano y empieza a trabajar sin descanso para el papa Urbano VIII. Lo cual restó oportunidades a sus compañeros de profesión, lo que obviamente no gustaba. El caso es que cuando este papa muere y lo sustituye Inocencio X se podría decir que se lo carga, entre otras porque no tenía en buena consideración a su predecesor ni a la familia del artista. Así que Bernini no solo no es el artista del Vaticano, sino que, como diríamos en términos futbolísticos, se queda en la grada. Poco menos que condenado al ostracismo (nota mental, esto da para otra anécdota).

Y cuando Inocencio quiere construir la fuente de la plaza Navona, convoca, por invitación, una especie de concurso entre la mayoría de los grandes artistas italianos de la época. Entre los que no está, como cabría esperar, nuestro protagonista. Pero he aquí que esto no le frenó. Preparó una maqueta de plata con su proyecto y gracias a algunos contactos, logró colocarla en el palacio papal, en una sala por la que el pontífice pasaba todas las noches. Al final la vio y no pudo hacer más que rendirse ante sus encantos, los de la maqueta y tuvo que darle el trabajo a Lorenzo.

El otro punto majo y cautivador es que en la plaza está también la iglesia de Santa Inés, cuya obra se encargó, entre otros, a Francesco Borromini, uno de los enemigos artísticos de Bernini. Se dice que dos de las cuatro caras de las estatuas que representan a los 4 ríos “reaccionan” ante la fachada de la iglesia. Una de ellas, la que representa al río Nilo tiene los ojos vendados para no ver dicha fachada. La otra, que representa al Río de la Plata, parece apartarse horrorizado, incluso protegerse ante un futuro derrumbe.

Es esta última parte la que parece no tener visos de ser verdad. Pero qué queréis que os diga. Me gusta pensar que en el fondo, Gian Lorenzo Bernini, ante las puertas de San Pedro (al que rindió homenaje con la gran plaza que lleva su nombre) cuando se le pregunta sobre este tema, mirando al portero le contesta guiñando un ojo mientras cruza las puertas que dan acceso al cielo “¿Pero cómo iba yo a hacer eso?”.

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